“Te juro que esta vez sí me voy… pero me quedo un ratito más”
- psidarialys
- 1 ene
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 1 ene
Lo dijiste en voz baja, mirándote al espejo con ese nudo en el estómago que ya conoces de memoria.
"Esta vez sí me voy."
Pero al rato estabas ahí, de nuevo, revisando si se conectó, si te escribió, si todavía hay una mínima posibilidad de que todo cambie.
¿Y si esta vez sí cambia?
¿Y si soy yo quien está viendo las cosas desde mis traumas?
¿Y si dejo de insistir justo cuando él estaba por reaccionar?
¿Y si esta vez no me duele tanto...?
Te digo algo con mucho amor:
Si estás negociando tu dignidad en nombre del amor, no es amor. Es repetición.
Y como psicoanalista, te lo confirmo: no estás loca, ni rota, ni débil. Estás repitiendo una escena que quedó inconclusa en algún rincón de tu historia.

¿Por qué cuesta tanto cerrar la puerta?
Porque en el fondo no estás luchando por él… estás luchando por una versión tuya que aún cree que si logra que alguien la elija, va a valer más.
Y ahí es donde empieza el ciclo:
Te vas... con la esperanza de que te detengan.
Regresas... con la ilusión de que esta vez va a funcionar.
Te duele... pero no te alejas del todo, porque ¿y si mejora?
Y sabes qué?
No mejora cuando la relación está basada en tu necesidad de ser vista, no en un deseo genuino del otro por construir contigo.
¿Y si lo que te ata no es amor, sino trauma no resuelto?
Te lo pregunto en serio:
¿A quién intentas convencer con tanto esfuerzo?
¿A él… o a tu niña interna que aún no fue elegida por ese padre que no estuvo?
¿Por qué crees que esta relación te duele como si la herida tuviera años?
Las relaciones que más nos marcan no son siempre las más amorosas. A veces son las más sintomáticas.
Y ahí aparece el autoengaño favorito de muchas mujeres:
“Lo voy a sanar con amor”.
Como si el amor todo lo pudiera, como si amar mucho alcanzara…No alcanza si tú no estás ahí para ti.
Y te entiendo. Yo también he estado ahí.
Pero llega un punto en que ya no puedes seguir culpando al otro de tus recaídas.
Porque tú también estás participando activamente en tu sufrimiento.
¿Qué hacer ahora?
No te voy a decir “déjalo ya”.
Eso sería tan superficial como decirle a alguien con ansiedad “relájate”.
Lo que sí te invito es a empezar a preguntarte de verdad:
¿Qué parte de mí se está aferrando?
¿A qué escena inconclusa de mi infancia me recuerda este vínculo?
¿Qué me da esta relación además de dolor?
Si estás leyendo esto con el corazón apretado, tal vez este sea tu primer paso.
Porque no se trata de irte de golpe. Se trata de reconstruirte para no volver desde la carencia.
Y eso… se trabaja.
Si quieres empezar este proceso, puedes escribirnos o agendar una primera sesión.
A veces, no es que no puedas soltar…
Es que nadie te ha acompañado con conciencia y respeto en ese acto tan valiente.
Amar lo que es y sanar desde la raíz.



Comentarios