“Te juro que estoy bien (con el ojo temblando y el estómago hecho un nudo)”
- psidarialys
- 1 ene
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Actualizado: 1 ene
"Estoy bien."
Lo dices con una sonrisa.
Pero el ojo no para de temblar.
Tu estómago parece una lavadora en modo centrifugado.
No puedes dormir del todo… o despiertas con una opresión que no sabes explicar.
Y aún así, sigues cumpliendo.
Trabajando.
Sonriendo.
“Funcionando”.
Pero te cuento algo:
Sobrevivir no es lo mismo que estar bien.

La ansiedad no siempre grita. A veces… se esconde.
No todas las personas con ansiedad tienen crisis visibles.
Algunas tienen una ansiedad silenciosa y elegante, que se disfraza de eficiencia, de control, de “yo puedo con todo”.
Es esa ansiedad que:
Se te instala en el cuerpo sin pedir permiso.
Se manifiesta como gastritis, bruxismo, nudos en la garganta o insomnio.
Y lo más engañoso: convive con la sensación de “no debería sentirme así si en mi vida todo está bien.”
Pero el cuerpo no miente.Y lo que no se dice… se somatiza.
Lo que en realidad te engancha…
No es él.
Es el conflicto interno que te produce no sentirte suficiente para que alguien se quede contigo sin dudarlo.
Es tu herida la que está enganchada, no tu corazón.
Es tu niña interna gritándole al vacío: "¡Mírame! ¡Elígeme! ¡Dime que valgo la pena!"
Y cuando no obtienes eso, lejos de irte, te obsesionas más.
Porque sientes que si logras que alguien que no sabe lo que quiere te elija…
por fin te vas a sentir valiosa.
Pero ese valor, amor, no se consigue afuera. Se reconstruye dentro.
¿Por qué el cuerpo reacciona si “todo está bien”?
Porque “todo está bien” no siempre es cierto.
A veces está bien para los otros.
Para las apariencias.
Para lo que crees que se espera de ti.
Pero internamente estás sobrecargada, desconectada, agotada emocionalmente, llena de exigencias y vacía de escucha.
Entonces, lo que no te permites sentir… el cuerpo lo siente por ti.
El síntoma habla
El temblor del ojo, el nudo en la boca del estómago, la fatiga crónica sin causa aparente…
No son casualidad.
Son mensajes.
Formas simbólicas de expresar lo que la mente no puede (o no se permite) poner en palabras.
Y muchas veces, detrás de esos síntomas hay:
Culpas inconscientes.
Duelo no elaborado.
Autoexigencia extrema.
Miedo al abandono.
Conflictos internos sin resolver.
¿Cómo empezar a salir de este modo “funciono pero me estoy cayendo”?
Deja de minimizar lo que sientes. Si tu cuerpo grita, es porque tu alma necesita ser escuchada.
Hazte preguntas incómodas:
¿Qué parte de mi vida estoy sosteniendo con más esfuerzo que deseo?
¿Qué emociones estoy postergando?
¿Quién quiero que crea que estoy bien?
Empieza a decir tu verdad, aunque sea en voz baja. Primero contigo. Luego con quien de verdad puede escucharte.
Si esto te toca, no lo ignores.
El síntoma no aparece para arruinarte la vida.
Aparece para avisarte que estás descuidando la parte más importante de ti.
Si sientes que estás al borde, pero aún no sabes cómo pedir ayuda… escríbeme.
Podemos empezar juntas un camino de reconexión, sin exigencia, sin juicio, sin disfraces.
Amar lo que es y sanar desde la raíz

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